Amor propio no es cuidarte más… es dejar de forzarte

Amor propio no es cuidarte más… es dejar de forzarte

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que el amor propio era sinónimo de hacer más.
Más rutinas.
Más disciplina.
Más esfuerzo.
Más “trabajo personal”.

Pero hay una verdad incómoda que casi nadie dice:
a veces, ese “cuidarte más” también puede ser violencia disfrazada de autocuidado.

El amor propio no es exigirte estar bien todo el tiempo.
No es empujarte cuando ya estás cansada.
No es compararte con quien parece “poder con todo”.

Y, sin embargo, muchas personas viven su proceso personal desde la autoexigencia constante, creyendo que si se detienen están fallando.

Cuando el autocuidado se convierte en presión

Forzarte a meditar cuando tu cuerpo pide descanso.
Obligarte a ser positiva cuando estás agotada.
Seguir “trabajándote” cuando lo único que necesitas es pausa.

Eso no es amor propio.
Eso es desconexión.

Porque el verdadero cuidado no nace de la exigencia, sino de la escucha interna.

Amor propio y regulación emocional: volver al cuerpo

El amor propio empieza cuando aprendes a escuchar lo que el cuerpo está diciendo.

Cuando la energía baja.
Cuando aparece el cansancio.
Cuando algo dentro susurra: hasta aquí.

Muchas veces no falta motivación.
Falta regulación emocional.

Cuando el sistema nervioso vive en estado de alerta:

Por eso, ningún hábito funciona si el cuerpo no se siente seguro.

El sistema nervioso también necesita amor

Hablar de amor propio consciente es hablar de equilibrio interno.
De crear seguridad dentro del cuerpo antes de pedirle más.

Cuando el sistema nervioso se regula:

  • la energía se ordena

  • la mente deja de luchar

  • el cuerpo puede soltar la tensión acumulada

Y entonces sí, el autocuidado deja de ser una tarea más en la lista y se convierte en un espacio de sostén real.

Volver al centro, no hacer más

Desde el Equilibrado PsicoEmocional LGC, el Reiki y la armonización con diapasones, acompañamos procesos donde no se trata de exigirte más, sino de volver al centro.

Dejar de empujar.
Dejar de demostrar.
Dejar de sobrevivir en modo automático.

Y empezar a habitarte con suavidad.

Febrero no va de demostrar amor

Febrero no va solo de dar amor hacia afuera.
Va de hacerte una pregunta honesta y profunda:

¿Dónde me estoy forzando cuando podría tratarme con más suavidad?

Quizás no necesitas más disciplina.
Quizás necesitas más permiso.
Más escucha.
Más presencia.

Y tal vez, justo ahí, empieza todo.

Micentro_Sobre mi

LAURA G. DEL CASTILLO

terapeuta

El amor propio también es dejar de forzarte.